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ARTE

Joan Bennàssar, el Primitivismo

Pollença, Arte y Deseo

LLAD es un acrónimo formado por la LL de Mallorca, la A de Arquitectura y la D de Diseño. Para escribir este artículo vamos a tomarnos la licencia de transformarlo y convertir la LL en la LL de Pollença, la A en la A de Arte y la D en la D de Deseo. De esta manera será más fácil hablar de Joan Bennàssar. O mejor dicho hablar de su obra, que viene a ser casi lo mismo.

Nació a mitad del siglo pasado, lo que le convierte en un artista referencial de lo que fue, lo que es y lo que será el arte de nuestro tiempo. No tiene la edad que marca su calendario, sino la que le dicta su obra y ésta es joven, fuerte y sana. Su Pollença natal, tierra de arte y artistas, trasciende su creación y le acompaña siempre. No fueron fáciles sus inicios, marcados por la escasez y el racionamiento, pero también por un talento que le hizo destacar y sobresalir por encima de la mediocridad imperante. La carga social que mostraba en sus primeras obras fue transformándose a medida que su pintura crecía. Un artista influido por el arte abstracto, el impresionismo, Bacon, el realismo o los collages hechos con todo tipo de materiales – muchos de ellos arrancados de las calles – pasando por el inevitable influjo de Picasso y su cubismo, hasta llegar a lo que el mismo Bennàssar define como primitivismo cuando se refiere a su obra.

Simbolismo, belleza y sensualidad

Una obra que no decora sino que define, acompaña y completa. Cuando llegas a una casa por primera vez, hay cosas que determinan qué tipo de vivienda es. Los libros que ocupan los estantes, la luz de las estancias, los cuadros y las esculturas que llenan los espacios. Las creaciones de Bennàssar forman parte de la familia, no están de paso, llegan a tu mundo para quedarse. Sus cuadros de gran formato llenan por sí solos las más amplias paredes y conforman un espacio contundente, lleno de simbolismo. Dice Joan que no sabe si sus obras son la respuesta a alguna pregunta. Algunos pensamos que son las preguntas que se responden por sí solas con la contemplación de la belleza primitiva, deforme y sensual que desprenden. Las pinturas y esculturas de Bennàssar comparten espacio en las mejores casas, en las más modernas, en las reformadas o las de nueva creación, dándoles vida y ayudándoles a ser más acogedoras y habitables. Es el complemento imprescindible para revestir de personalidad el despacho más impenetrable o la estancia más expuesta.

La sensualidad es una de las señas de identidad de las creaciones de Joan Bennàssar, un intermediario entre el deseo y la realidad. Que nadie espere que un cuadro suyo decore la pared de un dormitorio, no lo hará. La pintura se transformará, cobrará vida y llenará la habitación de deseo, de amor, de erotismo. No importa si es un pequeño óleo o una gran litografía, la obra te acompañará en cada despertar, en cada anochecer. Sus esculturas son el contrapunto ideal a la búsqueda de la perfección inútil, objetivo absurdo de mucha gente. Bennàssar inició sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Palma donde Jaume Mir impartía sus conocimientos y predicaba su devoción por la escultura. El pollencí supo escuchar y empaparse de la sabiduría del maestro para crear su propio universo, su propia identidad. Sus esculturas se reconocen, son identitarias. Al darles cobijo en tu casa corres el riesgo de que se conviertan en uno más de la familia, de que les pongas nombre y las saludes al llegar o te despidas al irte. Y no porque Bennàssar busque el realismo de Antonio López, sino porque sus esculturas tienen luz propia, una identidad que va más allá de sus formas impuras o sus cuerpos redondeados. Este es uno de los motivos por los que hay esculturas de Joan Bennàssar en espacios públicos como las escalinatas del Calvari de Pollença o en las orillas de Son Serra de Marina o de Can Picafort.

Esencia e identidad

Sus mujeres voluptuosas, de formas redondas, son sabrosas, apetecibles a pesar del exceso que representan. No dudan en dar la espalda al mar o mirarlo de soslayo mientras se saben espiadas, estudiadas, admiradas. Pero Bennàssar también crea figuras masculinas y como tales imperfectas y desproporcionadas, pero tiernas y poderosas como la que recibe en la entrada de Son Moix a los mallorquinistas que acuden al estadio. Su fuerza no radica en la perfección de sus formas sino en la esencia que transmiten. No son cuerpos inertes, son figuras en búsqueda permanente de su identidad.

Joan Bennàssar es un joven artista en plena madurez. Y remarco lo de joven. Sigue experimentando, buscando, creando. Su horizonte más cercano son exposiciones singulares en lugares especiales y con formatos únicos, pero su trabajo va más allá y pronto podremos ver un documental sobre su trayectoria que ya ha sido premiado y reconocido en festivales de prestigio internacional.

Joan Bennàssar, un sencillo acrónimo: LLAD (Pollença, Arte, Deseo)